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jueves, 26 de abril de 2012

Cuando existe uan continua exposición al sufrimiento ajeno, existe una manera de entretenerse morbosamente. La mujer codependiente, pareciera disfrutar del sufrimiento del adicto y pudiera decirse que una de las razones por las que está con él es para observar sádicamente la forma en que se hace daño.

Pareciera una forma inconsciente de vengarse de un objeto odiado de la infancia temprana.

Si el adicto se parece al padre, es un odio por no haberle cumplido a la codependiente su expectativa edípica e incluso haberla abandonado.Si el adicto es similar a la madre, es una forma de vengarse de ella por haberle impedido acceder a la seducción del padre. 

Cabe entonces que la codependiente explore sus resentimientos hacia padre y madre y se cuestione si observar a su pareja sufrir tiene que ver con el odio que le tuvo o tiene a sus progenitores. Con esta revisión, puede haber un cambio de actitud. 

sábado, 9 de enero de 2010

Seguir en la actitud de perdonar.



Mantenerse en un camino que permita la adquisición de madurez espiritual. Tal vez se trate de orar para que nuestros supuestos enemigos obtengan los mismos beneficios que nosotros obtenemos de la vida. Que no haya deseos destructivos en contra de quienes nos han hecho daño. Quizás solamente sea desear que la voluntad del creador se cumpla en todos los que nos relacionamos entre sí.
Dar y no esperar recibir nada. Simplemente desear el bien para todos.
Percibir que la vida no es angustiante, que todo pasa y existen nuevas formas de experiencia, que la vida va cambiando, por simple o compleja que pudiera parecer. Al perdonar y desear el bien a alguien que nos ha hecho daño, nos prevenimos de que otra persona similar nos dañe, ya no nos sorprenderá.
¿Difícil? Claro que lo es, y solamente seres perfectos lograrían perdonar totalmente, acceder al Perdón Universal. Pero por lo menos sería bueno mantener esta actitud, hacer como sí…
Cada vez que un resentimiento nos aborda, hacer como si ya le hubiéramos perdonado, como si deseáramos que le fuera bien, como si estuviéramos seguros de que le va ir bien a ésa persona que odiamos y a sus seres queridos. Tal vez en ese momento estamos logrando que nos suceda lo mismo, que al perdonar a otro, nos perdonamos a nosotros mismos. Tal vez la ira y los deseos de venganza que nos empujan a actos impulsivos que luego lamentamos, se esfumen y nos den libertad para llevar una vida mejor.

lunes, 6 de abril de 2009

El "Buen Hijo", Adicto al Sufrimiento

Un “buen hijo”, ha desarrollado ciertos síntomas, poco atento a que, su ansiedad, depresión, trastornos de alimentación o sueño, adicciones, pueden ser indicativos de resentimientos reprimidos e ira. En el curso de la terapia, en la medida en que se vuelve consciente del rol que ha jugado y el precio pagado por jugarlo, podrá sentirse enojado, avergonzado y resentido, en búsqueda de una venganza, aunque sea sólo fantasiosamente, aunque pudiera actuarla o incluso desplazarla hacia personas similares a los padres y hermanos. El cumplimiento de las demandas narcisistas de los padres, se encuentra en la raíz de esta variedad psicopatológica[1]. La persona sometida, muchas veces ha sido un hijo modelo “noble”, que se ha plegado a los deseos de sus padres. Esta forma de satisfacer los deseos narcisistas de los demás, va moldeando una máscara, un falso self, con el que el sujeto aparenta “ser bueno”, porque cumple con los deseos de los demás, porque les sirve. Cuando se devela su situación de hijo sacrificado, el resentimiento no se hace esperar.
Cuando se sustituye el foco del resentimiento, el blanco de la venganza, las relaciones interpersonales se pueden complicar, pues muchos de los actos estarán en función de no “quien me la hizo, sino quien me la va a pagar”.
[1] Durham, Mary Sherrill (2000). Therapist's Encounters with Revenge & Forgiveness. London, Jessica Kingsley Publishers.